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ICONOS e ICONOCLASTIA junio 28, 2007

Posted by doblege in Atlántico, Historia, Opinión.
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Por: MOISES PINEDA SALAZAR.
Hace algunas semanas fui contactado y se me invitó para que acompañase a la Administración Departamental en el proceso de presentar ante la Asamblea del Departamento un proyecto de Ordenanza mediante el cual se cambia el actual Escudo del Atlántico, adoptado y adaptado mediante la Número 24 de 1999.

Aquella amable solicitud me colocaba en la situación del Patriarca Abraham a quien, como prueba de lealtad, amor y fidelidad a su Señor, se le exigió que demostrara que estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo. A Isaac. Así lo sentí y, utilizando aquel símil bíblico, hice manifestación de mi negativa: “Yo no soy Abraham”. Lamento mucho no haber sido más explícito y contundente.

Icono e iconoclastia.
En esta Comunidad es sabido que he ocupado cargos de representación y de responsabilidad política en la Asamblea y en el Ejecutivo departamental como Asesor, Consejero y Secretario del Despacho de los Gobernadores Arturo Sarabia, Arnold Gómez, Gustavo Bell, Nelson Polo y Rodolfo Espinosa. También lo es que desde allí he sido promotor de acciones tendientes a la recuperación de la memoria histórica del departamento y he actuado como coordinador de campañas para difundir el conocimiento y el uso del material emblemático de nuestras instituciones republicanas. En consecuencia, mal hubiera hecho en convertirme en el demoledor, en el iconoclasta, de una obra que yo mismo he ayudado a levantar.

Mi comportamiento frente a la tradición emblemática siempre ha sido reverencial, respetuoso, responsable. Ello muy a pesar de las críticas, algunas de las cuales comparto, que se le hacen a la Bandera y al Himno adoptados oficialmente, gracias a los esfuerzos y al liderazgo cívico de servidores públicos como el Director de Extensión Cultural del Atlántico Alfredo De la Espriella 1 y del Diputado Hernando Quintero Millán (q.e.p.d) 2. Ellos impulsaron los concursos públicos mediante los cuales la ciudadanía concurrió a responder en la elaboración de aquellas insignias durante los gobiernos encabezados por José Tcherassi, Fuad Char Abdala y Edgardo Sales Sales. Esa contribución merece respeto y consideración.

Los Gobernadores Char y Sales, por ejemplo, adaptaron un jardín interior de la Gobernación como un “Patio de Banderas” en el cual exaltaban, sin distingos partidistas, la memoria de los Delegatarios atlantiquenses que hicieron parte de la Asamblea Constituyente de 1910 que restauró el Departamento del Atlántico. En aquel lugar estuvieron por más de 20 años hasta cuando sus bustos fueron retirados por orden del Gobernador Carlos Rodado Noriega. De igual forma, y al mismo tiempo que aquellos, fueron quitadas de allí las esculturas que por disposición del gobierno de Gustavo Bell, honraban la memoria de Rafael Núñez y la de Juan José Nieto, quien ha sido el único coterráneo nuestro que ha ostentado la condición de Presidente de la República.

Algunos observadores políticos encuentran razones partidistas para explicar aquella decisión y opinan que la memoria de estos próceres fue borrada de aquel espacio público porque los ortodoxos3 califican a Núñez como un “traidor a su credo y causa4 y porque al Presidente Nieto lo ven como “un impío Masón”, lo mismo que a Don Abel Carbonell Baena y a los delegatarios liberales de 1910.5

Por todo aquello, no es exagerado decir que, con la excusa de conmemorar los 100 años de vida institucional del Atlántico, el “Patio de Banderas”, consagrado a los constituyentes de 1910 fue demolido y se adaptó como un espacio para lucir el ya conocido pórtico que conforma el cuerpo principal del logosímbolo que identifica a la actual administración departamental. Un antecedente frente al cual nadie ni objetó, ni dijo algo. Lo de ahora es continuación de aquello.

Deficiencias cívicas.
En los mandatos de Arturo Sarabia y de Arnold Gómez, se dio curso a acciones tendientes a socializar el conocimiento, interpretación y uso de la bandera y del himno del Atlántico.

Aquello fue considerado necesario pues se comprobó que, en general, sin distingos de dignidad y nivel, los funcionarios departamentales desconocían la existencia de aquellos elementos básicos en la cultura cívica. Por esa razón, se tomaron medidas como la de hacer obligatorio su uso en todos los eventos oficiales y que se colocara el pendón blanco y rojo en el recinto de la Asamblea, en los despachos del Gobernador y de sus Secretarios, en el del Contralor, en las Alcaldías Municipales y en las Escuelas Públicas.

Aunque fue durante el Gobierno de Gustavo Bell cuando se hizo obligatorio entonar el Himno del Atlántico en todas y cada una de las sesiones de la Asamblea Departamental, la visión modernista de la administración enfatizaba en la necesidad de desarrollar elementos monumentales cuya “representación visual” tuviera la capacidad de “evocar” la institucionalidad del departamento. El proyecto de restauración y de nuevos usos para el Edificio de la Aduana Nacional apuntaba, entre otros objetivos, a este propósito. Su fachada fue propuesta como “marca principal” para cumplir la función que tiene, por ejemplo, el frontis de la Casa de Nariño en la identificación institucional de la Presidencia de la República. En correspondencia con eso, se sugirió que hacia aquella edificación se trasladaran las instalaciones de la Gobernación y se propuso a la Asamblea Departamental que incorporara un dibujo del frontis del Edificio de la Aduana como “marca principal”, como identidad de la Gobernación.

Haciendo uso de su derecho e independencia, los Diputados decidieron no dar curso al proyecto pues, a su leal saber y entender, aquello conllevaba “gastos superfluos e innecesarios”.
A los pocos días, el concesionario de la Fábrica de licores del Atlántico lo imprimió en las etiquetas de uno de sus productos. Ahí estuvo por poco tiempo.

A todas estas, sin que hubiera una explicación razonable que justificara esa situación, en la papelería oficial del Departamento aparecía como Escudo el de la República de Colombia y en los timbres o estampillas de licores y de loterías, se lucía el emblema que actualmente se conoce como el Escudo de la ciudad de Barranquilla. “El Atlántico no tiene escudo”, se decía.

Disciplina y respeto cívicos.
Sin embargo, los administradores del departamento, debidamente orientados por expertos en la materia, distinguían cabalmente las nociones básicas acerca del uso de los grafismos y su papel en la formación de la identidad corporativa. A ellos les resultaba claro que los logotipos, definidos como frases identificadoras de la filosofía y de la misión del proyecto político del gobernante de turno, los colores y el tipo de letra, que unidos a símbolos o imágenes, conformaban el llamado “logosímbolo”, no tenían por qué comprometer la “marca principal”.

Lo que hoy está pasando con la propuesta de reemplazar el Escudo del Departamento del Atlántico por el logosímbolo de la Administración Rodado Noriega, comprueba que en el manejo de estos asuntos de la emblemática, los gobernantes de hoy no tienen la claridad conceptual que sí tuvieron los de entonces. Por eso yerran.

CITAS:

  • 1. DE LA ESPRIELLA. Alfredo. “Mediante concurso abierto por la Oficina de Extensión Cultural se seleccionó la partitura presentada por Anita Zabarain y la letra de María Delina Álvarez. El Himno del Atlántico se estrenó el 15 de Junio de 1973.” NOTA DEL AUTOR. Se hace la observación de que el director de la Filarmónica que lo ejecutó no pudo estar bajo la batuta del Maestro Pedro Biava pues este había muerto en 1972.
  • 2. NÚÑEZ CABARCAS. Elkin. En Revista Guía Cultural. Universidad del Norte. Edición Julio 2005. ANUARIO ESTADISTICO DEL ATLANTICO. 1996. (Cfr.) Su elaboración fue convocada a concurso mmediante Ordenanza Nº 18 del 21 de Noviembre de 1985. fue seleccionada la propuesta presentada por el Estudiante Juan Orlando Correa, residente en el Municipio de Malambo. Según su interpretación, el color blanco significa Paz y el rojo Alegría. Fue acogida mediante Decreto 0589 del 27 de Noviembre de 1989 con las firmas de Edgardo Sales- Gobernador y Matilde Colina de Fortich- Secretaria General.
  • 3. Tanto liberales como conservadores a ultranza, que son la misma cosa: sectarios.
  • 4. Se refieren a la causa liberal.
  • 5. FALS BORDA Orlando- Historia Doble de la Costa. Tomo II- El Presidente Nieto. Carlos Valencia Editores. Bogotá Colombia. Segunda Edición 1986.Pág. 90A. ZAMBRANO Rodolfo. Abel Carbonell Baena. Historia General de Barranquilla- Personajes. Nº 2. Publicaciones de la Academia de Historia de Barranquilla. Editorial Mejoras. Barranquilla. 1995. CARBONELL Abel. Obras Selectas. Colección Pensadores Políticos Colombianos. Cámara de Representantes. Imprenta Nacional. Bogotá. 1981.
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